CÓMO SE ME OCURRIÓ WONDERMAMI (II)

Como empezaba a contaros la semana pasada, un día llegó a nosotros una chica que quería hacer una marca de ropa. A nosotros nos vinieron muchas personas para hacer su propia marca. Pero ninguno como ella. Todos quedaron por el camino, menos ella. Mucha gente viene con buenas ideas, pero solo ella continúo hasta el final.

Ella empezó con poco, pedidos insignificantes, a cuenta gotas, incluso de 1 unidad. Pero pasó un año y ahí seguía. No suelen durar tanto. Y entonces sus pedidos ya no eran tan pequeños, pedía 30-40 camisetas cada mes. Y pasados unos meses más, pedía 100. Y no sabemos como pasó a pedir 500-600 prendas a la semana. Fue una locura. Trabajábamos como locos, y salían cientos de prendas impecables casi a diario.

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Nuestro pequeño y sencillo taller

Y yo por primera vez me sentí realmente feliz en mi trabajo. Diseñaba sus camisetas, y me divertía un montón. Al principio me decía exactamente lo que quería, y al final confiaba tanto en mi que me dejaba inventar. Me sentí realmente bien con esto, pues ella siempre me hacía ver que le encantaba lo que hacía. Me desarrollé muchísimo como diseñadora, y también observé como ella iba creciendo. Ahí realmente nací yo como diseñadora. Yo no sabía que ella se convertiría en mi referente, cuando en un futuro naciese Wondermami.

¿Y cómo era ella? Absoluta e impresionantemente perseverante. Nunca, jamás se rindió. Yo no sé si ella lloró, que imagino que si, ni sé si ella sintió que todo lo que hacía no valía para nada, que imagino que también. Sobretodo cuando durante un año movía sus productos (sobretodo por Instagram) sin resultados. Pero como si de una bolsa de palomitas en el microondas se tratase, su negocio explosionó.

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Imagen del taller cuando trabajábamos para ella

Qué fácil podría parecer desde fuera. Pero cuando en un año no obtienes beneficios y no conoces el futuro, lo más habitual es tirar la toalla. Y ella no lo hizo.

Pero no todo fue maravilloso. Ella no se portó bien con nosotros. Nos pidió muchas veces que dejásemos de trabajar para otros y lo hiciéramos solo para ella. Compramos muchas máquinas para darle servicio, y finalmente, marchó sin decirlo claramente. Y cuando marchó nos dejó un taller vacío y un montón de plazos para pagar las máquinas que cogimos. Desde ese momento y aún hasta hoy arrastramos deudas.

Pero no le guardo rencor. Se portó mal, pero yo he aprendido mucho con esto. Fuimos ingenuos, y las lecciones hay que aprenderlas.

Además ella me enseñó.

Me enseñó a creer en mis diseños. Me enseño a diseñar para personas. Me enseñó que crear una marca es posible. Y me enseño a perseguir mis sueños.

Me empujó a crear Wondermami.

Porque ahora ya sé que el truco está en seguir tu camino y nunca rendirse. Me enseñó a construir desde la nada.

¿Cómo le voy a guardar rencor a la persona que me hizo ver que puedo construirme a mi misma?. De todo corazón, gracias por cruzarte en mi camino, aunque como toda rosa, me pinchaste al cogerte.

 

 

 

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Cómo se me ocurrió Wondermami

Hoy me gustaría hablaros de cómo nació Wondermami.

Yo llevaba un tiempo en casa, criando a mis hijas, y como ya os conté en alguna ocasión, aprendí a diseñar para hacerle cuentos a mis hijas. Hasta ese momento yo solo pensaba que en un futuro la crisis mejoraría y volvería a haber oposiciones de Filosofía y yo sería por fin profesora, que era mi sueño.

Estaba bastante frustrada, la verdad, porque hasta ese momento no veía otro futuro posible, y sin embargo, contradictoriamente, la realidad me estaba dejando entrever que ese futuro unidireccional nunca se iba a dar.

Como el papá imperfecto tenía montada la empresa de artes gráficas, y yo ya había aprendido a diseñar, empecé a dedicar unas horas a ayudarle, desde casa. Y cuando las niñas empezaron la guardería (como se llevan poco tiempo iban las dos a la guardería), comencé a ayudarle imprimiendo físicamente.

Por ese tiempo yo llevaba tiempo metida en el mundo de las mamás bloggeras, lo cual quiero decir que me ofreció compañía y consuelo durante mis largos años de soledad al inicio de mi maternidad.

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Este es uno de mis primeros diseños (nunca vió la luz)

Y ya de aquella soñaba con hacer camisetas sobre cosas de mamás, e incluso camisetas para premamás. Pero era un sueño lejano. Hice algún prototipo horroroso jaja… pero bueno, aún estaba empezando a desarrollarme como diseñadora jeje…

Entonces es cuando una chica de carácter extraordinariamente luchador llegó a nosotros. Lo dejó todo para crear su propia marca (si me disculpáis, no voy a decir quién es por discreción). Si bien es cierto que su situación económica era estable, no le quita ningún mérito la constancia con la que levantó su marca.

….continuará…..

 

 

Efectos colaterales de “dejarles hacer”

Lo primero que me gustaría decir es que no soy una super mamá que además de tener este super proyecto educa idealmente a sus hijas y hace recetas felizmente con ellas.

Ese hubiera sido mi ideal. Pero ahora que ya sabemos todas que la conciliación no existe, la realidad es mucho menos idílica.

No sé como lo recordaran mis hijas, quizá ellas si lo recuerden con cariño. Pero la imagen que tengo yo de mi maternidad y de mi vida es la imagen absoluta del caos. Siempre apurada, con la casa eternamente a medias, y algún grito en la boca permanente… del que permanentemente me siento culpable también.

Una vez dicho esto, os cuento. En la medida de lo posible siempre intento que mis hijas hagan las cosas. En realidad son ellas muchas veces las que me recuerdan qué tipo de crianza quería darles, porque yo con las prisas, siempre tiendo a hacerlo yo misma.

En este caso iba yo a hacer una tortilla de patatas, y Helena me dice que me quiere ayudar. Si soy sincera, cuando me lo dice, realmente lo que me apetece es terminar, pero siempre les dejo ayudarme un poquito.

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Le doy los huevos y le digo que los rompa con las manitos casi dentro del bol, esperando que así no se le caiga nada.

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Pero los niños son niños, y por mucho que se esfuercen, es más probable que se les caiga algo o estropeen algo, por la falta de experiencia.

Y al final sucede lo que tenía que suceder: a Helena le cayó un huevo.

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Yo en mi cabeza, por una centésima de segundo, malhumorada, pienso: con la prisa que tengo, ahora tengo un trabajo más para limpiar…. Entonces es cuando ella me mira con carita de… “Upss…. mamá… lo siento…”. No dice nada, pero su carita lo dice todo. Entonces se me pasa mi mal humor, recuerdo que ella no tiene culpa de mi estrés… y le digo que no pasa nada, que tenga más cuidado la próxima vez.

Como bien dije antes, a los niños les falta esa experiencia. Y para adquirirla solo hay una manera: experimentando una y otra vez. Yo tengo la esperanza de que cuando tenga unos pocos años más, todo este cansancio mio se convierta en la ayuda que ella me pueda dar.

Además confío en que cuando sea adulta será una mujer mucho más capaz y con confianza en si misma, si le seguimos dejando hacer las cosas.

Es posible que aunque no estemos teniendo la maternidad que soñamos, inconscientemente si les estamos educando como siempre quisimos. Somos seguramente nosotras las que no nos sentimos satisfechas… pero es solo la adrenalina de la carrera. Cuando lleguemos a la meta veremos que todo nuestro trabajo ha valido la pena.