Efectos colaterales de “dejarles hacer”

Lo primero que me gustaría decir es que no soy una super mamá que además de tener este super proyecto educa idealmente a sus hijas y hace recetas felizmente con ellas.

Ese hubiera sido mi ideal. Pero ahora que ya sabemos todas que la conciliación no existe, la realidad es mucho menos idílica.

No sé como lo recordaran mis hijas, quizá ellas si lo recuerden con cariño. Pero la imagen que tengo yo de mi maternidad y de mi vida es la imagen absoluta del caos. Siempre apurada, con la casa eternamente a medias, y algún grito en la boca permanente… del que permanentemente me siento culpable también.

Una vez dicho esto, os cuento. En la medida de lo posible siempre intento que mis hijas hagan las cosas. En realidad son ellas muchas veces las que me recuerdan qué tipo de crianza quería darles, porque yo con las prisas, siempre tiendo a hacerlo yo misma.

En este caso iba yo a hacer una tortilla de patatas, y Helena me dice que me quiere ayudar. Si soy sincera, cuando me lo dice, realmente lo que me apetece es terminar, pero siempre les dejo ayudarme un poquito.

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Le doy los huevos y le digo que los rompa con las manitos casi dentro del bol, esperando que así no se le caiga nada.

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Pero los niños son niños, y por mucho que se esfuercen, es más probable que se les caiga algo o estropeen algo, por la falta de experiencia.

Y al final sucede lo que tenía que suceder: a Helena le cayó un huevo.

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Yo en mi cabeza, por una centésima de segundo, malhumorada, pienso: con la prisa que tengo, ahora tengo un trabajo más para limpiar…. Entonces es cuando ella me mira con carita de… “Upss…. mamá… lo siento…”. No dice nada, pero su carita lo dice todo. Entonces se me pasa mi mal humor, recuerdo que ella no tiene culpa de mi estrés… y le digo que no pasa nada, que tenga más cuidado la próxima vez.

Como bien dije antes, a los niños les falta esa experiencia. Y para adquirirla solo hay una manera: experimentando una y otra vez. Yo tengo la esperanza de que cuando tenga unos pocos años más, todo este cansancio mio se convierta en la ayuda que ella me pueda dar.

Además confío en que cuando sea adulta será una mujer mucho más capaz y con confianza en si misma, si le seguimos dejando hacer las cosas.

Es posible que aunque no estemos teniendo la maternidad que soñamos, inconscientemente si les estamos educando como siempre quisimos. Somos seguramente nosotras las que no nos sentimos satisfechas… pero es solo la adrenalina de la carrera. Cuando lleguemos a la meta veremos que todo nuestro trabajo ha valido la pena.

 

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