Adelgazar cuando parece que todo está en tu contra

Cuando estaba en la Facultad era una chica con un buen tipo y seguramente riquiña, como decimos aquí. Yo realmente no me veía así, por esa época tenía más inseguridad con mi físico. Como estudié Filosofía, la estética que me gustaba era la que llamábamos “hippie”, llevaba mi ropa floja de colores y unas rastas perfectamente hechas. Me gustaba arreglarme (dentro de ese estilo desaliñado) y disfrutaba comprando ropa (desteñida y asimétrica jaja). Aunque yo perpetuamente creía que debía adelgazar más, me gustaba mucho verme bien. Tenía mis collares de conchas, mis pendientes enormes tipo étnicos y miles de pulseras de cuero. Todo debía ser perfecto dentro de ese estilo falsamente descuidado.

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Yo con 24 añitos en Santiago de Compostela, año 2007 

Las cosas se pusieron feas después de terminar la carrera y no levanté cabeza hasta ahora. Diez años después, que estoy en proceso de hacerlo realmente.

Diez años me separan de esta fotografía. Pero lo que más me separa no son los años, si no una frustración laboral y personal muy grande que me dejó tocada.

Como muchos universitarios, mi objetivo era ser funcionaria. No veía otra salida, estaba claro: iba a ser profesora de Filosofía porque iba a esforzarme y conseguirlo. Así era yo, perseverante. Creía firmemente que si me esforzaba lograría todo lo que me propusiese. Me sentía segura de mi misma en este sentido. Los resultados son directamente proporcionales al esfuerzo realizado. Y tendría lo que mis padres consiguieron y viví toda mi vida como lo normal: una casa pagada, una segunda vivienda a medio pagar, dos coches y unas estupendas vacaciones (de profesor de la pública).

Cuando acabé la carrera, de golpe mi mundo se cayó. Por mucho que me esforzara no había nada que pudiera hacer: debido a la crisis no había oposiciones de Filosofía. Trabajé de todo lo que me iba saliendo, pero sentía un gran vacío, una gran frustración porque me sentí engañada. Mi gran principio no era verdad. No era cierto que si te esfuerzas consigues lo que quieres. Muchas veces no es así. Y ese era mi caso.

Los siguientes años dejé de vivir, tan solo sobreviví.

Un día de pronto, 8 años después me veo en el espejo y tomo consciencia. Me había abandonado totalmente. Prácticamente había duplicado mi peso. Me veía mal, me fatigaba por todo. Me apetecía tirarme en el sofá todo el rato, cosa que detesto: la pereza. No era por pereza, era por fatiga, pero odiaba sentir que me apetecía estar tirada (aunque no lo hiciese). Cuando me ví en el espejo ese día, hace dos años, me pregunté a mi misma: Sarai ¿Cómo llegaste a esto?. Yo antes me arreglaba y ahora iba con chándales viejos siempre, de cualquier manera (aunque limpia), y me avergonzaba de mi aspecto. Ni siquiera me sentía mujer. Solo hacía mi trabajo como madre y trabajadora y punto. Dejé de soñar, dejé de ilusionarme… era una simple autómata.

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Yo en Junio de 2015, Vigo

Justo por aquella época estaba empezando a desarrollar mi proyecto, Wondermami. , que sería uno de los pilares de mi transformación. Hasta entonces trabajaba en la empresa de artes gráficas de mi marido, Ultreia Impresión, pero esto no ayudaba para nada a mi empoderación, no dejaba de ser su proyecto, no el mio. Fue justo por aquella época cuando con todo aparentemente en contra comencé mi cambio.

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Junio de 2017, Vigo. Con 25kg menos que en la foto anterior

Si quieres saber cómo comenzó mi camino de empoderación personal no te pierdas el próximo post….

 

 

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